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Jeep. Compass. Jeep.

Todos esperábamos, que al contrario que nuestro título, la renovación del SUV americano pudiera ser “Compass. Jeep. Compass”. Por decirlo de otra manera, que el modelo superara las expectativas de la marca. Pero una vez más, no ha sido así.

Los yankees están haciendo muchas cosas bien. Vuelven a la imagen de marca, con diseños que corporativos, siguiendo la tradición alemana. También demuestran un claro esfuerzo por comercializar mecánicas diesel, dejando de lado (aunque manteniendo en catálogo) los desproporcionados HEMI gasolina, que tan poca aceptación tienen en Europa.

La carrera del Compass, más allá de lo que diga el marketing, se juega contra los coreanos y taiwaneses. Bajo precio, imagen atractiva y segmentos poco explotados son los argumentos, pero con fallos de base. Si en la anterior generación, y de manera muy acertada, se recurrían a propulsores de origen VW, se esperaba la colaboración de algún otro fabricante para la remodelación de los interiores. Pobres, muy pobres.

Y aquí es donde los de Oriente ganan terreno. Puede que ellos tampoco rematen los coches para durar veinte años, pero al menos los diseños son atractivos. Un coche es la sensación al poner las manos sobre el volante, y en el Compass, más parece una máquina…del tiempo.

En Sobreviraje |

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