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Mazda MX-5: Conducción

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Muchas veces se dice de un modelo que es deportivo. Creo que debe ser uno de los calificativos más usados, junto a práctico, juvenil o novedoso. Sin embargo, por una vez, este coche, el Mazda MX-5, es un deportivo.

Lo es porque, como hemos visto en la primera parte de esta prueba, tiene un puesto de conducción pensado para que quien lo conduzca tenga el máximo control sobre los mandos del vehículos, y además sus reacciones son vivas y directas, de manera que el lapso de tiempo que hay entre las acciones del conductor y la posterior consecución de la orden es pequeño.

Gracias a una dirección excelente, de cremallera y asistencia hidráulica, el conductor es consciente en todo momento de lo que está pasando, y el nivel de agarre que tiene. Eso unido a una palanca de cambios de un tacto muy agradable, con un guiado algo duro, corto, y preciso, dan la sensación al conductor de que todas las reacciones del coche responden a indicaciones suyas.

Esto no significa que sea un coche nervioso, de hecho, creo que se ha encontrado un equilibrio muy interesante. La dirección es directa, y no está especialmente asistida, pero sin embargo tiene 2,7 vueltas entre topes, un valor más que razonable, y las suspensiones, en la versión de 126 CV, son firmes pero confortables. De hecho sorprende lo bien que pasa el coche sobre los resaltes de plástico situados para reducir la velocidad que tanto se ven en España.

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Carretera de curvas, su sitio preferido

Son este tipo de carreteras donde más partido sacaremos a las cualidades dinámicas de este Mazda MX-5. El coche entra muy bien en las curvas, es fácil trazar la curva justo como queremos y su corta batalla le ayuda a tener agilidad para cambiar rápidamente de trayectoria. A pesar de esto, en carretera abierta, no tiene mala estabilidad lineal, y es posible ir relajado sin tener que corregir constantemente la dirección.

En una carretera de curvas, como decimos, resulta muy divertido llegar a un curva, frenar (si se sabe hacer el punta-tacón tendremos un plus de entretenimiento), agarrar fuerte la palanca de cambios para reducir, y de un golpe de volante, meter el coche en la curva y mientras la trazamos, jugar con la transición de pesos entre ejes (repartida 50:50 en parado) con el acelerador.

Sólo tendremos 1.075 kilogramos para jugar, y la verdad es que esta ligereza condiciona, positivamente, el comportamiento. Al no haber mucha masa que acelerar, frenar o sujetar en una curva, el Mazda resuelve con nota todas estas facetas.

Este juego no necesariamente significa buscar el límite de adherencia, sólo con levantar el acelerador de golpe en una curva de 3ª velocidad ya notaremos claramente como las ruedas delanteras ganan apoyo. Si vamos un poco más allá, nuestros intentos por obtener un acusado sobreviraje van a quedar en agua de borrajas por un más que vigilante control de estabilidad.

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No son pocos los coches con aspiraciones que hoy en día montan un control de estabilidad desconectable por fases. En este Mazda no es posible, pero la verdad es que no estoy seguro de que tenga mucho sentido. Es un coche que se disfruta en cada curva, jugando a trazar exactamente como queremos, frenando fuerte antes de una curva para entrar justo a la velocidad elegida, de manera que no hace ir buscando los límites para pasarlo bien.

Aun así, si queremos desconectar el control de estabilidad, cosa poco recomendable, podemos hacerlo, y entonces sí que obtendremos algún sobreviraje más pronunciado, de una manera muy progresiva hay que decir, sin sustos. La verdad es que es un coche muy dócil. Dicho esto, un sobreviraje es un sobreviraje, y ya sabéis: el contravolante hay que aplicarlo en el momento adecuado, con la intensidad requerida, y durante el tiempo necesario, y siempre desgirar más rápido de lo que se ha girado.

126 CV suficientes para divertirse

El Mazda MX-5 se ofrece en dos motores, un 1.8 de 126 CV y un 2.0 de 160 CV, ambos de inyección indirecta y admisión variable. Nosotros, como hemos dicho, hemos probado la versión menos potente. Con este motor el coche acelera hasta 100 km/h en algo menos de 10 segundos.

Conduciéndolo, no da la sensación de ser un coche lento. Responde rápido al acelerador y permite moverse con agilidad en carretera. Manteniendo la aguja de las revoluciones por encima de 4.000 vueltas (el par máximo de 167 Nm está en 4.500 rpm) tendremos un empuje más que suficiente para divertirnos, y alcanzar cierta velocidad entre curva y curva en un puerto de montaña, por poner un ejemplo.

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Hay que tener en cuenta que se trata de un coche en el cuenta la sensación global de diversión, de disfrute, no sólo lo que la aceleración nos pega al asiento. Llendo sin la capota, escuchando el sonido del motor, del escape, y de todo lo que sucede a nuestro alrededor, sintiendo la palanca de cambios y la dirección, los 126 CV son todo lo que necesitamos.

Lo único malo es que ese ruido, que puede ser agradable en ciertas ocasiones, pero molesto cuando simplemente queremos transportarnos de un punto a otro. El Mazda es un coche ruidoso, especialmente por el ruido mecánico proveniente del motor en fases de aceleración, y en cierta medida por el ruido aerodinámico.

Personalmente, dado que he disfrutado todos y cada uno de los desplazamientos que he hecho con él, nunca he deseado que el coche fuera más silencioso, pero entiendo que haya personas a las que en su día a día les pueda parecer un coche poco silencioso.

No me ha acabado de convencer el desarrollo de las marchas. Las 3 primeras son incluso más largas que en la versión de 160 CV, y quizá se podría haber optado unos desarrollos algo más cortos y dejar para las 2 siguientes los desarrollos tal y como están para buscar consumos bajos en carretera.

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Quizá hubiera resultado un mal escalonamiento entre la 3ª y 4ª marcha (o no, porque el par motor no es tan diferente, 167 frente a 188 NM) pero dado que estamos en la versión menos potente, yo hubiera apostado por sacar más provecho al motor en esas tres primeras marchas.

¿Y la versión de 160 CV? Creo que es recomendable para aquellos que busquen un comportamiento más deportivo (desde 2009 además tiene algunos cambios mecánicos en el motor, el sistema de escape y la suspensión), pero no para aquellos que realmente no vayan a practicar una conducción ágil a menudo. Si lo que se busca es un descapotable biplaza para disfrutar conduciendo a un ritmo medio, para un uso frecuente, el 126 CV puede ser su opción.

Último punto a comentar, el consumo. En ciclo mixto este Mazda homologa 7 litros justos. Si somos muy suaves con el acelerador y el recorrido no es muy desfavorable, es fácil alcanzar esa cifra. En recorridos interurbanos, por ejemplo en vías de circunvalación, es posible incluso bajar hasta los 6 litros, siempre que no vayamos con la capota quitada. Por otro lado, si realizamos una conducción más despreocupada no es raro ver de medio 8 o 9 litros.

Hasta aquí lo relacionado con la conducción de este auténtico roadester. En la siguiente parte analizaremos el equipamiento, el funcionamiento del techo duro retráctil y daremos una valoración final del modelo en función de su precio.

En Sobreviraje | Mazda MX-5: planteamiento e interior, Mazda MX-5: equipamiento, precios y valoración final 

 

 

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