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Mazda MX-5: planteamiento e interior

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Tras 7 días conduciendo el Mazda MX-5, ayer llegó el momento de devolverlo. Han sido 7 días y cerca de 900 km en los que por suerte, hemos podido conducirlo por todo tipo de carretera y en climas muy diversos.

Acompáñanos en esta prueba del pequeño roadester más vendido del mundo, y te contaremos cómo es este símbolo japonés de la conducción. Hoy empezaremos por el interior y las impresiones de conducción, y mañana hablaremos de su precio y su equipamiento y daremos una valoración final.

Un planteamiento único

El Mazda MX-5 es un descapotable biplaza que supera por muy poco los 4 metros de largo, los 1,72 metros de ancho y los 1,25 metros de alto. Por tanto es lo que podríamos llamar un roadester compacto. Si lo comparamos con un Mercedes-Benz SLK, el alemán le supera en todas estas medidas.

Estas medidas contenidas, y la llamada estrategia del gramo de Mazda, hacen que este japonés pese tan sólo 1.075 kilogramos en su versión más ligera. Es mucho menos que cualquiera de sus posibles rivales, y de hecho es este un dato que condiciona enormemente el planteamiento del vehículo, su comportamiento y a la postre, su filosofía.

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Los otros rasgos definitorios de este roadester son su motor delantero, su tracción trasera y su equilibrada distribución de pesos entre ejes de 50:50. Es decir, que la receta tiene todos los ingredientes para ser un roadester de pura cepa.

Por mucho que busquemos, no encontraremos un coche con un planteamiento similar en el mercado. Hay utilitarios con aspiraciones deportivas de tracción delantera y roadester alemanes mucho más caros, pero nos será imposible encontrar un modelo que claramente compita con este japonés. Quizá el modelo que más pudiera parecerse sería el inminente Toyota GT-86 descapotable, aunque su motor bóxer de 200 CV queda algo por encima del 2.0 de 160 CV de la versión más potente del Mazda.

Un interior pensado para conducir, no tanto para el día a día

La idea básica del Mazda MX-5 es que conductor y vehículo deben estar perfectamente sincronizados. A este concepto Mazda lo ha denominado Jinba Ittai. La idea procede de un antiguo ritual japonés llamado Yabusame, en el que un jinete debe disparar y acertar con su arco en una diana mientras galopa a caballo.

El puesto de conducción está pensado íntegramente para conseguir esta armonía. Vamos sentados cerca del suelo, con las piernas casi estiradas, y el pequeño volante nos queda cerca del pecho. Los asientos tienen una banqueta larga e inclinada hacia atrás, y el respaldo recoge bien nuestro cuerpo para que no nos desplacemos en exceso en una carretera de curvas.

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La pequeña palanca de cambios tiene un tacto único, con un guiado preciso y corto, y queda cerca del volante, para manejarla en el menor tiempo posible. La verdad es que una vez encajados en el puesto de conducción, todo queda a mano.

El único defecto lo encontramos en la falta de regulación en profundidad del volante, aunque sinceramente, nosotros no la hemos necesitado, lo que no significa que algunas personas sí la echen de menos.

Una vez acomodados nos fijamos en los materiales y en los ajustes del interior. La verdad es que es un interior poco vistoso, al que se le notan ya los años a pesar de pequeños detalles que han sido mejorados. No encontraremos muchos plásticos blandos (como sí lo haremos en el nuevo Mazda 6), recubrimientos de goma o embellecedores en los mandos, pero el ajuste es muy bueno y tiene aspecto de resistir muy bien el paso del tiempo, y además, en este coche, el disfrute viene por otro lado.

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El cuadro de mandos resulta de lectura muy fácil, y a muchos les agradará poder saber la presión de aceite en cada momento. El ordenador de a bordo aporta poca información y tiene poca resolución, pero la verdad es que cumple con su función.

En el día a día sin embargo, las cosas no son tan positivas. A pesar de que desde 2009 se recubrieron de goma la repisa que hay debajo de los mandos de la climatización y el suelo del hueco en la columna central, faltan huecos en las puertas donde podamos dejar algún otro objeto, y especialmente, un sitio para dejar un bolso o un abrigo.

No hay ningún espacio detrás de los asientos donde podamos dejar un paraguas o la ropa de abrigo, y el hueco donde se guarda el techo no está disponible para este fin, y es una pena, porque dan ganas de hacerlo. De lo contrario, en un día de lluvia deberemos dejar nuestro abrigo y el paraguas en el maletero con la consiguiente incomodidad, además de que debido a su reducido volumen (150 litros), puede ir lleno.

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Además, y para terminar, el maletero tiene dos defectos fundamentales además de su tamaño: el primero es que la boca de carga es pequeña y está situada en un plano completamente horizontal, y el segundo es que el botón que libera el cierre está situado en una posición realmente complicada de acceder, al lado del botón que cumple la misma función pero con el capó.

Entendemos la facilidad técnica de que ambos estén situados al lado, pero en el día a día resulta mucho más fácil encontrar el botón de desconexión del control de estabilidad que el de la apertura del maletero, que de hecho, ni siquiera se ve sentado al volante, e incluso es difícil encontrar mediante el tacto.

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Mañana os contaremos cómo se conduce este roadester con y sin capota, el equipamiento que puede llevar y su precio, y podréis ver la galería completa. ¡Yo que vosotros no me lo perdería!

En Sobreviraje | Mazda MX-5: conducción, Mazda MX-5: equipamiento, precios y valoración final.

 

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