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Péndulo.

Durante décadas, el automóvil ha ido evolucionando, al menos en cuanto a diseño se refiere, al compás de los avances en fabricación estructura. Salvo honrosas excepciones (el primer Mercedes-Benz SLS o un Ferrari 250 GTO), los nuevos modelos han ido ganando curvas, vértices imposibles, o formas todavía más complejas. Sin embargo, llegados a un punto, los ingenieros tienen a su alcance casi cualquier forma que puedan imaginar sin un excesivo coste adicional. Es decir, Ian Callum tiene limitaciones similares en Jaguar para imaginar un conjunto óptico de las que tendía en SEAT, por ejemplo.

Ian 2

Y aquí viene lo bueno: el péndulo. Cuando la arcilla no puede retorcerse más ( el Renault Mégane de la anterior generación rebasaba cualquier restricción económica en su luneta trasera), los fabricantes añaden la innovación en la diferencia; así, el cromo se convierte en mate, el fondo negro para los faros en transparencias, y todo al contrario.

Si en BMW han oscurecido su Serie 3, con pilotos gris ceniza y líneas coloreadas en el frontal, en FIAT atienden a su paso del otro lado: intermitentes blancos, luces antiniebla integradas en el paragolpes trasero o cromados que surgen de los antiguos detalles del color de la carrocería lo demuestran. Para colmo de los revival, la última generación del Polo, cuyos pilotos traseros, afirma VW, están inspirados en la tercera generación del utilitario alemán. Todo debe cambiar, sí. Para que nada cambie.

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